Cinco cuestiones históricas que no se siguen en la novela romántica

Cinco cuestiones históricas que no se siguen en la novela romántica

Hoy vengo a hablar de novela romántica histórica, en concreto de las cuestiones históricas que se suelen modificar por el buen resultado del libro. Pues, como ya ha dicho en alguna ocasión, el escritor desarrolla una trama en un contexto histórico sin ser, en muchos casos, historiador, o tener que darnos una clase de historia. Estas licencias, en muchos casos, son por el bien de la historia, pero me parece curioso que se repitan tanto en muchas novelas. 

Cuando comencé a leer novela romántica histórica, sobre todo victoriana, me di cuenta de que había una serie de pautas que se seguían (ya os hablaré de eso en otra ocasión) y que determinadas cuestiones puramente históricas eran ignoradas por el bien de la trama. Así que, me gustaría resaltar las que más me llaman la atención y debo advertir que no siempre es así, que no es en todos los libros, pero sí en una generalidad. Si lees alguno que no se salte estas pautas, ¡dímelo!

Novela romantica

Cinco cuestiones históricas que no se siguen en la novela romántica

El papel de la mujer

Hace un tiempo leí un artículo sobre la verdadera dama de la Edad Media y la pobre señora era un coñazo como personaje. Lo siento en el alma. Es cierto que, como ya os conté en Lo mejor y lo peor de la protagonista femenina en romántica histórica, para que una mujer tenga un papel destacado debe salirse de la norma antes o después. De otra manera, narrar el día a día de cada una de estas mujeres sería un poco aburrido. No había mucho hueco para la aventura, salvo honrosas excepciones. Y, además, por razón de la época, toleraban situaciones o circunstancias que nos parecerían disparatadas ahora. Es algo que he leído mucho, que no se comportan como deberían en relación con su época. Vamos a dar algunos ejemplos:

  • Los derechos de los animales: es un concepto moderno, así que no veo yo a una dama de la Edad Media preocupada por la vida de un conejo o de un ciervo, sobre todo al ser comida. Pero es que tampoco tenían en cuenta a otros animales como los gatos o los perros. Determinadas culturas sí que tenían en cuenta el bienestar de algunos animales, como los egipcios a los gatos, por ejemplo. Aunque, en general, es un concepto actual.
  • La infidelidad: es un tema delicado, desde luego. El amor romántico no era algo básico para un matrimonio, sí que hay grandes historias donde, por amor, se hace de todo (como en el caso de Helena y Paris). No era lo habitual. En la Roma senatorial, por ejemplo, era muy habitual que las matronas aceptasen que sus maridos mantuvieran relaciones extramatrimoniales cuando se marchaban a la guerra. En el ejército romano, aparte los soldados, los generales, los cocineros o los caballos, siempre iban asignadas un grupo de prostitutas. Hay que ubicarse en la época y no mirarlo con los ojos actuales.

En definitiva, es normal que, para protagonizar una historia, queramos una protagonista fuerte, que luche contra viento y marea. Quizá por eso algunos no soportan bien a los protagonistas de El juego de la inocencia de Marisa Sicilia, pues, desde mi punto de vista, respetan mucho la época en la que se desarrolla la historia. Para mí es un libro recomendadísimo.

Los fines de los hombres

En este caso quiero entrarme en las novelas ambientadas en la época victoriana. ¿Qué protagonista masculino es típico de este tipo de libros? El noble con alergia al matrimonio. Pues bien, mientras que para nosotros la temporada es un lugar lleno de hombres que huyen del matrimonio, de los bailes y de las damitas casaderas, en la realidad sería todo lo contrario. Los caballeros querían perpetuar su legado por medio de los hijos, por eso un heredero a un título se casaba, habitualmente por conveniencia, a una edad muy temprana. Y se seguían unas normas no escritas muy curiosas, como que si él tenía los ojos claros, ella tenía que tenerlos oscuros, para poder compensar el uno al otro. Y no eran solo las madres las que se volvían locas con el matrimonio, también los padres.

La edad de los personajes

Yo esto lo perdono, fíjate. Pues todavía me cuesta un imperio pensar que una chica de quince o dieciséis años tiene edad suficiente para ser madre, como pasaba en alguna época de la historia.  Ahora bien, en cambio, en la época victoriana, que suele ser una de las más utilizadas en romántica histórica, esto no era así. Lo habitual era que los contrayentes tuviesen más de veinte años, ellas rondaban la media de los 23 años y ellos de los 25. Y lo que solemos leer en muchas novelas es que con 20, las mujeres, ya se ven para vestir santos y ellos con 30 están estupendamente.

Las creencias o costumbres

No quiero hablar aquí de creencias religiosas, sino las creencias científicas o de las costumbres. Por ejemplo, en De Bombay a ti hablo de la frenología, es cierto que fui a elegir justo una década en la que ya estaba de capa caída, pero antes y después fue una creencia muy extendida y se creyó en ella como en una ciencia. Y solo era tocar bultitos en la cabeza. Pues, en la trama, no hubiese sido real que todos los personajes se rieran de algo que para ellos era tan fiable como puede ser para nosotros ahora un análisis de sangre. Pues bien, es algo muy común que los personajes principales cuestionen técnicas o creencias de la época sin más base que la cultura actual de la autora. Aquí también quiero poner ejemplos:

  • Sanguijuelas: hoy en día utilizar sanguijuelas como si fuesen la cura de todos los males sabemos que es un error y algo muy asqueroso. En este sentido ya he leído varias novelas en las que al protagonista de turno (no sé, siempre pasa con los hombres) se le infecta una herida o se pone enfermo y, cuando el médico va a utilizar sus simpáticas sanguijuelas hambrientas, la protagonista de turno lo para. Y lo que es peor, no da razones, solo que no le parece bien. No hay que formar a la protagonista en medicina general, solo que sepa la información por alguna vía. Normalmente, lo saben igual que lo sabe la escritora o escritor, por la cultura del mismo. Pues mal.
  • El almuerzo en la época victoriana: ahora pensaréis que estoy loca, imagino. No, no más de lo normal. En la mayoría de los libros que leo se almuerza con una facilidad pasmosa. ¿Ah? ¿Es que no se puede? Pues no, esa comida estaba pensada solo para mujeres que, según los hombres machistas y gilipollas de la época, pensaban que, como eran más débiles, tenían que comer más, mientras que ellos solo hacían dos veces: por la mañana y por  la noche. Vale, quizá sea un ejemplo extremo, pero es una costumbre de la época arraigada.

La realidad histórica

Lo mismo que no es igual hablar de 2015 que de 2016 o 2017, pues en cada uno de estos años han pasado cosas distintas, igual pasa si nos vamos siglos atrás. Vale, es cierto que es complicado dar detalles en épocas de bonanza donde todo iba bien, no había hostilidades ni guerras. Y, cuanto más atrás nos vamos en el tiempo, más complicado es. La verdad es que a mí me cuesta saber qué hice yo o el mundo entero en 2005, no me quiero ni imaginar en 1867 (año puesto al azar absolutamente). Pero eso es una de las labores del escritor. Si vamos a escribir histórica, vamos a ubicarnos en la época, vamos a hacerlo bien y, sin cansar al lector con datos interminables, vamos a hacer un buen trabajo al respecto.

En este sentido, hay un poco de todo, puede ser que la historia no necesite mucha ambientación y con unos toques nos sobra, perfecto, pero si nos vamos a meter en el asunto, vamos a hacerlo bien, que no cuesta tanto, solo horas y horas de nuestra vida que se lo quitamos a otras cosas. Nada, ¿eh? Aquí quiero poner un ejemplo que me hizo cerrar un libro: yo tengo la sombrosa cualidad de tener en la cabeza multitud de fechas que no valen para nada en la vida normal y una de ellas es de cuándo comenzaron a darse los premios Nobel, pues bien, estaba yo leyendo un libro ubicado a mitad del 1800, ella, institutriz de profesión, le dice a su pupilo que, como siguiera así, le iban a dar el premio Nobel de literatura. Y no, la señorita no tenía poderes ni viajaba en el tiempo. Si se hubiese ahorrado ese comentario, habría ganado una lectora.

 

La verdad es que hay más, pero no quería extenderme mucho más en este artículo. ¿Qué te han parecido? ¿Las has leído alguna vez en un libro? De ser así, me gustaría que me escribieras en los comentarios.

19 thoughts on “Cinco cuestiones históricas que no se siguen en la novela romántica

  1. Hola.

    Sí, la verdad es que todas ellas aparecen juntas o por separado en muchos de los libros de romántica histórica que he leído, yo por lo general como lectora, no suelo dar mucha importancia a esas pequeñas licencias, a no ser que sea algo, como lo que tú comentas del Nobel, que cante mucho en la historia.

    Ahh, lo que más me ha gustado ha sido esto: «Hay que ubicarse en la época y no mirarlo con los ojos actuales.» Tienes razón, y es que pecamos muchas veces de mirar a los protagonistas de histórica con una perspectiva actual y no debería ser así, debemos tener en cuenta que en otra época, había otras costumbres y hay que intentar leer la historia con perspectiva y no proyectar nuestra forma de ver la vida ahora en una época donde todo era muy distinto.

    1. ¡Hola!

      Lo primero, muchas gracias por pasarte por el blog. Yo también estoy contigo, en general no le doy mucha importancia a estas licencias si la trama gana o el texto se embellece, siempre que no sea una cosa disparatada que me saque absolutamente de contexto. También creo que el ejercicio de leer histórica con ojos de otra época es muy complicado, ya que es cierto que hay cosas que son locuras que no queremos asumir que pasaban, por ejemplo, el papel de la mujer en algunas épocas. Pero en fin, en eso queda la mano del escritor o escritora que nos mete en su mundo y nos hace ver las cosas de otra manera.

      Un besazo.

  2. ¡Hola! Precisamente soy de las que disfrutó con El juego de la inocencia por eso mismo, porque se ajustan a la época y las circunstancias que viven. Respecto al resto del artículo, es cierto que hay cosas que deberían revisarse bien desde la distancia (sobre todo de la época actual) para que no saltaran a la vista ese tipo de cosas, como lo del uso de las sanguijuelas, por ejemplo. Tengo la idea para una novela romántica histórica y voy recabando la información sobre la época en la que transcurrirá poco a poco y siempre que cuento con algo de tiempo, pues antes tengo otras prioridades, por desgracia.

    También hay cosas que dejo pasar en ese tipo de novelas, pero deben ser cosas insustanciales o que no chirrien mucho con la época.

    Me quedo por aquí y ya tienes nueva suscriptora en tu correo ;D

    Saludos.

    1. ¡Hola, Rocío!

      Muchas gracias por pasarte por el blog. El juego de la inocencia fue una de mis mejores lecturas del año pasado, en este año, de Marisa, me ha gustado mucho La dama del paso, por si no lo has leído 🙂

      Es una pena que el tiempo no te deje ponerte con una trama romántica histórica, ¡son mis favoritas! Documentarse lleva mucho tiempo Yo por aquí voy poniendo todo lo que puedo, aunque admito que me estoy centrando mucho en victoriana, que me encanta.

      Me alegra mucho que te hayas animado a comentar el artículo.

      Un besazo.

      1. Ahora que lo pienso, empecé, como parte de una iniciativa en la que participaba, una historia inspirada precisamente en la época victoriana (quizá haya cosas que cambie respecto a lo que tengo escrito) y para ello me documenté bastante sobre algunas costumbres sociales de la época y otras cosas. Quizá hace muchos años, cuando empecé, me habría importado poco o ni siquiera lo habría considerado, pero desde hace unos años me gusta poder documentarme todo lo posible para que no haya inconsistencias en lo que escribo. En ese sentido, y en muchos otros, soy algo exigente conmigo misma.

        Aunque también reconozco que a veces he pensado en narrar la parte que no requiere muchos de esos conocimientos y luego, en la reescritura, agregarlos de forma que se vea natural, pero disfruto mucho buscando información y poniéndola en práctica casi al momento jeje.

        Saludos.

        1. Para mí la documentación es una de las partes más divertidas de escribir. Desde hace un tiempo tengo la casa llena de tratados y de libros de la época victoriana, en este caso, y de otras que no desvelaré hasta que esté el libro acabado. Creo que hay darle un margen al escritor y, mientras todo tenga coherencia, me parece bien Pues, lo mismo que la falta de documentación no me gusta, el exceso en un libro también. Si me gustan los personajes y me gusta la trama, no me hace falta que le metan 500 páginas más de documentación. Pero imagino que va en gustos.

          Un besazo.

          1. Yo tampoco soporto la documentación innecesaria en una novela, pues puede provocar que la lectura me parezca tediosa. Prefiero que esas cosas se vean en los personajes y las relaciones sociales que tienen, así como en los lugares que visitan y demás, siempre que sea en las dosis necesarias para poder ambientarnos.

          2. Creo que, como en casi todo, en el punto medio está la virtud. Aunque con excepciones, la documentación excesiva es, para mí, un horror y un aburrimiento. Una novela histórica no es ni una novela de viajes ni de curiosidad, creo que para poder descargar toda la información que hemos almacenado, está muy bien hacerlo en nuestros blogs, por ejemplo. Y luego, la nada absoluta, tampoco, aunque me molesta menos, fíjate. Yo creo que si centramos un libro en la temporada londinense, por ejemplo, lo mismo no hace falta describir con detalle la ciudad y demás, creo que todas las lectoras más o menos lo saben, pero no está de más ambientar un poco.

  3. Gracias de nuevo por la cita, Altea,y enhorabuena por el artículo. Es algo que siempre me ha apasionado como lectora: conocer las distintas formas de pensar de cada época, lo que nos distancia y lo que nos une, Y tanto como lectora como cuando escribo me gusta encontrar en las novelas esos detalles que definen las mentalidades (los prejuícios, las modas, las costumbres). Quizá el problema (y el otro día comentaban esto mismo en una charla a la que asistí) sea encontrar ese equilibrio entre veracidad y verosimilitud que haga atractiva y aceptable la historia, pero que no cambie tanto que la falseemos por completo porque si no, yo tampoco compro 😉
    Un saludo y muchas gracias también por tanta información interesante.

    1. Hola, Marisa.

      Sí, creo que el equilibrio que comentas es muy complicado en ocasiones y ya depende de la pluma de cada escritor. Yo he leído libros históricos con diálogos que parecen sacados de una película de tiros y, precisamente eso, lo que a mí me puede tirar para atrás, es justo lo que las lectoras más han aplaudido. De tal forma que creo que ya va a depender de cada una el toque quiera darle de veracidad a la historia y al entorno.

      Muchas gracias por comentar.

      Un besazo.

  4. Hay cosas que si se puede dar licencia como las que mencionas, pero hay otras cosas que por lo menos a mi me saltan y que hacen que ya no me guste tanto el libro, como por ejemplo las leyes del Mayorazgo, he leído libros históricos situados en Inglaterra y en el cual la herencia es algo importante en la trama y las leyes esas se las pasan por el Arco del triunfo, cuando creo que la mayoría de la personas que leemos romántico histórico las conocemos.
    Por otro lado estoy de acuerdo que también se debe de dar algo diferente a los personajes porque si no va a terminar siendo aburridos.
    También hay novelas como las de Lorraine Heath en que las que al final menciona las licencias y como era en realidad.

    1. ¡Hola, Verónica!

      Muchas gracias por pasarte por el blog y por comentar.

      A mí la histórica me fascina sea o no romántica, y uno de mis libros favoritos es El primer hombre de Roma (y los que siguen la saga) y la maravillosa Colleen McCullough te explica las razones de incluir o no determinados personajes pues, en las crónicas romanas, a los personajes que no eran socialmente importantes –se daba mucho con las mujeres– se les ignoraba. Total, que hay un personaje que se inventa por el bien de la trama y, sin ella, nada tendría sentido. A mí me parece que es fantástico que lo haga y que lo explique, pues como lectora creo que me está dando justo los que pido

      Por otra parte, como comentas, las lectoras de romántica histórica sabemos ya mucho de la Inglaterra del siglo XIX y cuando el autor se salta cosas básicas, como en el caso de las herencias, pues no nos parece bien, ya que creo que tenemos un listón más alto que otras lectoras quizá. Pero, como he dicho antes, cada persona pone su límite, tanto lectores como escritores.

      Un besazo.

  5. Estoy de acuerdo con tu articulo y las licencias historicas. Las hay que son errores flagantes, como el Nobel que comentas, o la aparicion de inventos como el caso de la maquina fotografica o el telegrafo que algun protagonista lo utiliza cuando no se ha inventado o acaba justo de aparecer (vamos, que su distribucion o uso por el publico no era habitual).
    Y si nos ponemos a hablar de armas, leyes, etc… mejor tomarlo como licencias.
    Es cierto que sobre todo en novelas victorianas (o en ese siglo en general) hay demasiados cliches femeninos y masculinos. Hay bastantes mujeres intelectuales ignoradas, como el caso de Ada Lovelace (hija de Lord Byron) matematica y considerada la primera programadora de la historia; las escritoras han tenido mas suerte mientras que las cientificas has pasado desapercibidas a la sombra de sus maridos a pesar de hacer tanto o mas que ellos.
    Lo que me refiero con este desbarre es que no todas estaban pendientes de bailes, etc, ni me imagino que ellos tampoco lo estarian de hacer muescas en lis cabeceros de su cama o ir al club.
    Y si nos vamos a la Edad Media… mejor ignorar las licencias porque el asunto es de carcajada. Hasta el Renacimiento las mujeres tenian muchos mas derechos de lo que se cree, podian formar parte de gremios y un largo etc. Luego empezaron las represiones… Y si nos vamos a culturas como la japonesa ya ni cuento. ¿Cuanta gente sabe la dama samurai estaba adiestrada en artes marciales o el arte de la Narigata era femenino? Si me voy a China, hay artes marciales creados por mujeres.
    En fin, que me voy por los cerros de Ubeda. Licencias hay y muchas. Y a veces cabrean. Otra cosa que tambien me cabrea mucho aunque no venga a cuento son las cabriolas temporales en algunas sagas… Sin comentarios, XD.
    Perdon si he dado el coñazo…
    Besos y felicidades por el articulo.

    1. ¡Hola, Aurora!

      Me gusta mucho tu comentario, como bien dices, poca gente, por ejemplo y por no tirar siempre por el lado de la mujer, sabe que existieron en Japón los taikomochi, que no eran otra cosa que geishas hombre. A mí me encanta abrir un libro y ver que, basándose en una realidad histórica, me presenta un buena trama. Y no siempre es fácil y lo entiendo.

      Como también comentas, había mujeres que hacían de todo, como Ada Lovelace, a la que le dediqué un artículo del blog, aunque, para nuestra desgracia, eran las menos. Es cierto que, como decía en el artículo, tampoco me apetece leer sobre la típica dama en la Edad Media o una pobre criada victoriana. Nos gusta ver lo extraordinario.

      Lo que pasa es que, en determinadas novelas románticas históricas nos presentan una realidad que no es, no digo en todas, por supuesto, que las hay maravillosas y tampoco hace falta un tratado de historia para poder desarrollarlas, pero hay licencias que claman al cielo. Sí, como utilizar una cámara o un aparato poco desarrollado para el gran público en ese momento.

      Nada más que decirte que muchas gracias por tu comentario y por pasarte por el blog.

      Un besote.

      1. No se si conoces El kimono escarlata, de Christina Courtenay. A mi me parecio una historia preciosa, desmitificadora y realista en aspectos como los viajes en mar y creo que bien documentada, con sus licencias pero explicando por que las toma. Si no lo has leido seguro que te gusta.
        Besos

  6. Me encanta este post, pienso exactamente como tú, en muchas de las novelas románticas históricas la trama podría muy bien desarrollarse en otra época, como la actual y tendría el mismo sentido. Hombre que huye del matrimonio, mujer que lo conquista. Hombre mujeriego y perseguido por miles de mujeres, chica que lo conquista. Creo que el contexto histórico es importante para marcar el carácter de la obra como de los personajes y aunque no se escriba novela histórica sí que hay que poner un poco de énfasis en los detalles, como por ejemplo en el de las sanguijuelas, tal vez que la protagonista fuera una erudita y estuviera informada de los avances médicos de principios del siglo XIX cuando se empezó a cuestionar este tratamiento. Si la novela ocurriera en esa época, claro está. Con el papel de la mujer y el hombre estoy a favor de contar siempre la excepción que confirma la regla, mujeres que abren camino en épocas donde no tenían ni voz ni voto tanto en el amor, como en los negocios etc… Estoy escribiendo dos novelas: una transcurre en España durante el siglo XVIII y otra en la del siglo XIX y hay excelentes documentos históricos que avalan que no todas las mujeres eran sumisas y aburridas. Esas excepciones que están documentadas es en lo que me baso para explicar mis historias. El problema en el romance histórico es que no hay lugar para informar de esos detalles sin que suene que estás intentando aleccionar a las lectoras y lectores, y mucho menos aburrirles. Que conste que yo soy la primera que paso página cuando se alargan con demasiados datos y descripciones de ese tipo. Hay que buscar el equilibrio y es difícil.

    1. ¡Hola, Ivette!
      Es cierto que hay novelas románticas históricas que no tienen nada de histórico. Es una pena, ya que la gracia de este tipo de novelas es usar el entorno y también todo lo que nos proporciona el momento histórico. Hay cosas que actualmente son inadmisibles o bien de chiste, pero antes no lo eran. Y esa es una de las gracias.

      Por otro lado, por supuesto, las mujeres que cambian la historia, las que pelean por tener un hueco en la historia, esas son fantásticas como protagonistas y nos hacen la lectura mucho más amena. Me encanta que estés escribiendo sobre ellas y en dos épocas maravillosas de nuestra historia.

      Gracias por el comentario.

      Un besazo,

      Altea.

Leave a Reply

Your email address will not be published.