El Tanabata, por Akira y Lucy

El Tanabata (七夕) es una festividad japonesa emblemática, se celebra el siete de julio, y, como es hoy, no podía dejar de hablaros un poco de ella. ¿Qué se celebra? El encuentro de las estrellas Vega y Altair, que durante el resto de días están separados por la vía láctea, pero ese día no. Si os habéis leído la bilogía Tokio, sabéis que es un punto de inflexión en los dos libros este día. Así que he pensado que no hay manera mejor que explicar la leyenda que por medio de ellos. Akira le cuenta a Lucía la leyenda del Tanabata en Al destino no le gustan los curiosos y ella le devuelve el favor en Al destino le gustan los valientes. No hay spoilers ni nada por el estilo. Aquí os lo dejo:

Tanabata

El Tanabata por Akira:

Orihime, hija del rey celestial, era una princesa tejedora que pasaba día y noche con sus telas en elAmanogawa, el cielo. Trabajaba duro, aunque siempre se encontraba triste por la vida que llevaba, sin amor. Un día, conoció a Hikoboshi, un pastor de estrellas que vivía al otro lado del Amanogawa, y, nada más verse, se enamoraron. Al poco tiempo se casaron y fueron felices. Tanto, que ambos desatendieron sus trabajos: Orihime dejó de tejer, y el cielo se quedó sin vestidos; Hikoboshi descuidó su rebaño, y las estrellas se desperdigaron por el firmamento sin rumbo, causando estragos. El rey del cielo se enfadó tanto que separó a los dos amantes para que no se vieran más. Pero Orihime no podía vivir sin su marido y consiguió que su padre aceptara que se vieran una vez al año, si ella terminaba su trabajo a tiempo.

El primer año, Orihime y Hikaboshi se encontraron cada uno al otro lado del Amanogawa, y se dieron cuenta de que era imposible para ellos cruzar y abrazarse. Orihime no se lo podía creer, tanto tiempo trabajando duro y no podría ni tocarlo. Así que comenzó a llorar desconsolada, hasta que una bandada de pájaros acudió en su ayuda y formaron un puente. Los pájaros, conmovidos por la historia, prometieron volver cada año, siempre que no lloviera.

Así que, cada año, el séptimo día del séptimo mes lunar, los amantes pueden verse, si no llueve. Y nosotros lo celebramos mirando al cielo y observando sus dos estrellas, que, por ese día, no están separadas por la vía láctea.

Tanabata

El Tanabata por Lucía:

Érase una vez una corte celestial regida por el Rey del Cielo, un cruel y loco Rey del Cielo, si te digo la vedad, Aki. Este, no sabemos cómo ni a quién había engañado, tuvo una hija: Orihime, la princesa tejedora.

Orihime era guapa, tenía un trabajo que le encantaba, ya que era la diseñadora de moda del Cielo; era independiente, ganaba su propio dinero celestial y no le hacía falta nada. Pero tenía un anhelo que no había podido llenar: quería encontrar el amor verdadero. Vaya, la pobre princesa lo tenía todo, menos el amor.

Un día, vamos a imaginar un escenario bonito, algo así como el que vemos nosotros, Orihime conoció a Hikoboshi, un pastor de estrellas. ¡La historia más vieja del mundo! Él no tenía un duro y ella era rica. Así que, bueno, esto me lo estoy inventando…

Imaginamos que a papá, Rey del Cielo, no le haría mucha gracia que su hija, toda una princesa, se casara con un pobre pastor, así que se fugarían a Las Vegas del Cielo, se casarían y listo. Para cuando el Rey lo supo, ya no había marcha atrás.

Orihime y Hikoboshi fueron muy felices, pero, Akira, tanto tú como yo sabemos que la felicidad se puede truncar en un segundo, en un instante, y el amor soporta lo que puede hasta que explota. Y la pareja desatendió sus trabajos. ¡Imagínate! El Cielo se perdió la temporada primavera-verano y las estrellas se fueron a pastar por donde les dio la gana, comiéndose el pasto celestial prohibido, sea lo que sea eso. El Rey, ofendido, decretó que debían separarse. Yo creo que se la tenía guardada por lo de la boda.

Sin embargo, Orihime luchó contra el decreto real y consiguió poder verse con su marido una vez al año. Sí, a ver, ella luchó, pero consiguió bien poco, la verdad. Ella trabajó duro, sacando su colección primavera-verano a tiempo, y él enseñando a sus estrellas más perdidas a pastar donde debían para que no lo metieran en un lío. A todo esto, los dos echándose mucho de menos.

Así llegó el primer año, se encontraron el uno enfrente del otro, cuando se dieron cuenta de que en medio de ellos había un río de estrellas que no los dejaba tocarse. Yo me imagino que el decreto real también pondría una orden de alejamiento, sino es que yo no me lo explico, en fin. Cuando eso ocurrió, ella explotó y comenzó a llorar. Muy útil. ¡Cuando creía que había un resquicio para su felicidad, todo se iba al garete! Pero unos pájaros, seguramente republicanos, decidieron construir un puente con fecha de caducidad de un día para que pudieran verse, con una condición: que no lloviese.

Todo muy loco, Aki. Y esto es lo que estamos celebrando: la desquiciada historia de amor de una princesa modista con su marido, un pastor con estrellas perdidas, que solo pueden verse una vez al año por el chalado del padre de ella. Una verdadera historia de amor…

El punto de vista de Lucy es sin duda más occidental, para eso ella también lo es. Es una fecha preciosa, llena de simbolismos, de tradición y donde las ciudades se engalanan. Además de ser una fecha romántica para las parejas, que acaban el día observando fuegos artificiales. Eso sí, siempre que no llueva, claro.

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