Lugares emblemáticos en la novela romántica

La historia escondida del pomposo Londres victoriano

Las lectoras de novela romántica estamos acostumbradas a leer sobre el Londres victoriano más lujoso, vistoso y rico. Lo habitual es que nuestros protagonistas favoritos sean lords o ladys metidos en algún aprieto amoroso. Pero hay otro Londres, uno que habitualmente no se plasma en nuestras novelas, que también coexistía con el otro. Y de eso te quiero hablar hoy, de parte de esa cara oscura: cómo se trataba la pobreza.

El otro Londres victoriano

Como te puedes imaginar, la mayoría de los ingleses en la época victoriana eran pobres. Solo una pequeña élite podía gastarse miles de libras en algo tan curioso como era la temporada londinense. Aunque la clase media fue creciendo durante el siglo XIX hasta quintuplicarse, en tanto al periodo anterior, los desfavorecidos ganaban en número.

Durante los primeros años del reinado de Victoria, hubo problemas con las cosechas, lo que desembocó en hambruna, por lo que multitud de personas se mudaron a las ciudades en busca de una vida mejor. Y el Londres victoriano no fue una excepción. Las calles se llenaron de personas buscando trabajo o pidiendo para comer, lo que provocó una alta tasa de delincuencia. Además, según testimonios de la época, vivían apilados en pequeños pisos, llegando a convivir varias familias juntas compartiendo techo y la poca comida que conseguían.

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Las zonas más peligrosas

Esta situación llegó a zonas muy conocidas de Londres, donde la policía, ni tan siquiera a pleno día, se atrevía a entrar si no acudían en grupo. Lugares como Drury Lane, Seven Dials o la abadía de Westminster llegaron a ser muy peligrosos.

Eran zonas muy céntricas, donde nuestros personajes favoritos de novela romántica rara vez se adentrarían. En ellas, por su lugar tan estratégico, se terminaron realizando diferentes obras públicas, como el puente de Holborn. Y para poder acabarlas, se desalojaron las casas de esos pobres ciudadanos de segunda a los que ni realojaron ni indemnizaron.

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La gran preocupación de los victorianos

Cuando leemos novela romántica, no todo se suele centrar en el amor, sino que también hay subtramas que nada tienen que ver las relaciones sentimentales. Pueden tratar sobre diversos temas como las guerras, la política, los negocios… Pues en la época, una de las grandes preocupaciones provenía de estos ciudadanos pobres que vivían y morían hacinados por las calles. Y la razón no era otra que la enfermedad.

Durante el siglo XIX, se dieron brotes de cólera y de otras enfermedades cuyo foco eran esos lugares. Un médico victoriano, el doctor Lethaby, realizó un informe en relación con las alcantarillas de Londres. En el documento, habla de las penurias y miserias que observó y la preocupación por las personas que morían en estos lugares sin ser enterradas adecuadamente y que, en ocasiones, convivían con la familia durante bastantes días.

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Los asilos para pobres

Según las fuentes de la época, los victorianos odiaban lo que se llamaban workhouse o «asilos para pobres». Que serían algo parecido a lo que describía Dickens en Oliver Twist.

Si bien estas instituciones no gustaban en la época, existieron hasta la Segunda Guerra Mundial, aunque no con las normas tan estrictas del siglo XIX. Por ejemplo, como se separaban a hombres de mujeres, lo normal era que las madres se quedaran con los niños y los padres solo pudieran verlos una vez a la semana, durante unas horas, los domingos.

El problema era muy serio, la población de Londres aumentó tanto que era habitual ver a familias enteras durmiendo en las calles o en los parques. Claro, en verano podía ser soportable, pero en invierno era una sentencia de muerte. Llegaron a tal punto, que algunos dormían en las puertas de las comisarías de policía, esperando, quizá, que los dejaran pasar para encontrar cobijo.

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¿Quién se hizo cargo del problema?

Ningún estamento público o religioso se hizo realmente cargo del problema. Aunque el príncipe Alberto, en la Gran Exposición de 1851 abordó el tema de la construcción de algo parecido a viviendas sociales, no llegó a realizarse. Esta idea sería finalmente desarrollada por un americano, George Peabody, al que la reina le quiso otorgar el título de caballero por su labor. Aunque no pudo aceptarlo, por supuesto, al ser americano.

Además, también hubo iniciativas privadas para luchar contra el problema, como asociaciones o grupos dedicados a buscarles trabajo o enseñarles un oficio, pero por parte de particulares, no de organismos públicos.

Dentro de lo que he llamado la historia escondida del Londres victoriano, hay mucho más que la pobreza o, más bien, el tratamiento que hubo de la misma, ya que la situación de la mujer o de los niños también es muy impactante. Para nosotras, que, de forma habitual, leemos sobre fiestas, bailes y teatros, ese Londres escondido no se muestra mucho. Salvo excepciones, que de todo hay dentro de las novelas románticas victorianas. ¿Has leído alguna que te llamara la atención por su ambientación realista? Me encantaría conocerla, cuéntamelo en los comentarios.

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