La importancia de las tarjetas de San Valentín en la época victoriana

La importancia de las tarjetas de San Valentín en la época victoriana

En la época victoriana también se celebraba el día de San Valentín, además de una manera muy parecida a como lo hacemos ahora. Pero, como caracterizaba a esa era, con unos cuantos simbolismos y con muchas reglas. Tenían normas sociales para todo, y el día de los enamorados no iba a ser menos. Incluso había manuales para saber qué regalar. Y si algo se volvió icónico durante esa fiesta fue regalar tarjetas de San Valentín. Os cuento un poco su historia: 

victoriana

Cómo celebraban los victorianos el día de los enamorados

tarjetas de san Valentín

Tarjetas de San Valentín

Si algo era clásico para los victorianos, eran las tarjetas de San Valentín, y aunque ya en el siglo XVIII se estandarizó la idea de enviar cartas de amor ese día, no fue hasta 1820 que llegaron las primeras impresiones, aunque no se hicieron muy famosas. Fue en 1840 cuando este tipo de tarjetas se estandarizó, ya que se pudieron enviar por correo por un penique, lo que hizo que las tarjetas en masa se hicieron muy famosas, hasta ese momento, todavía eran más manuales. A partir de ese año se enviaron tantas tarjetas que tuvieron que darle un suplemento a los carteros por el trabajo extra que tenían en esas fechas. En 1841 se enviaron 400.000 tarjetas y en 1871 se procesaron en la oficina de Londres 1.2 millones de tarjetas. Nada más y nada menos. Se convirtió en toda una revolución lo de las tarjetas, que tuvo su mayor auge entre 1870 y 1880. 

Cuando explotó la moda de las tarjetas, los victorianos no se quedaron en el mero hecho de comprar un tarjeta y enviarla. No, ellos le dieron su toque. Las decoraban con cintas, imágenes, encajes, conchas, semillas, apliques dorados o plateados y era bastante habitual que se pusieran frases como Be mine, To my love o Constant and True

Entre los simbolismos de las tarjetas podíamos encontrar: 

  • Iglesias: que significaban intenciones honorables y fidelidad. 
  • Flores: al igual que cuando se regalaban, si se elegían dibujos de flores en las tarjetas, cada una de ellas podía tener un significado, por ejemplo: los narcisos se regalaban para hablar de nuevos comienzos, las margaritas eran la inocencia y las lilas significaban las primeras emociones del amor.
  • Colores: según el color de fondo o el más utilizado también pedía tener un significado oculto. Por ejemplo: el rojo era amor, el coral significaba deseo, el blanco era la pureza, el naranja representaba la fascinación y el rosa era la gracia y la belleza.

Pero no todas se regalaban por puro romanticismo e intenciones futuras de matrimonio. También había algunas en las que se ponían chistes cortos o, incluso, se hacía alusiones más sexuales, como poner un trozo de ropa interior con alguna frase tipo: I think of you with inexpressible delight.

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La reina Victoria y San Valentín

Esta bien podría haber sido una de las Siete curiosidades de la reina Victoria, así que sería la octava. Tras la muerte de su esposo, la reina Victoria se sumió en una profunda tristeza, pero durante la década de 1860 confió cada vez más en un hombre: John Brown, tanto fue así que a ella la prensa comenzó a llamarla Mrs. Brown y corrieron rumores de un matrimonio secreto. 

Y una de las cosas que acrecentó esta idea fue que ella misma le envió tarjetas de San Valentín a su criado escocés, quizá algo infantiles, pero muy de la época. Aunque también estas mismas hacen pensar a los historiadores que su relación era meramente platónica, ya que eran muy inocentes. 

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¿Y en Estados Unidos? 

En Estados Unidos, si hablamos de esta festividad, tenemos que hablar de Esther Howland (1828-1904) conocida como la madre del San Valentín estadounidense. Ella fue la artista y empresaria que promovió el regalo de tarjetas para ese día tan especial. 

En Estados Unidos no se regalaban tarjetas, sino que era habitual intercambiarse poemas escritos a mano. Cuando Esther tenía diecinueve años, recibió una tarjeta inglesa de San Valentín, gracias a un socio de su padre, y le encantaron. El problema era que no resultaban asequibles para todas las clases sociales, era algo muy costoso. Así que ella decidió producirlas para el gran público. 

En 1850 ya era una práctica habitual en Nueva York, pero no era una afición bien vista en la época, ya que hasta el New York Times lo criticó. Sin embargo, el regalar tarjetas de San Valentín se popularizó realmente tras la guerra civil americana. De tal modo que, una vez pasada la misma y cuando se comenzaron a cerrar las cicatrices entre Norte y Sur, volvieron las tarjetas con más fuerza. Y se convirtió en un negocio muy rentable. 

¿Os gustan las tarjetas de San Valentín? ¿Qué os parece que lo victorianos se lo tomaran tan en serio? 

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